Atorado en una Encrucijada: Cómo Encontrar la Dirección de Dios
por Visión Para Vivir

¿Ha estado usted alguna vez inmovilizado en una encrucijada, sin poder tomar una decisión? ¿Sin poder voltear a la derecha ni a la izquierda por temor a que pudiera tomar el camino equivocado? ¿Sin poder seguir adelante por la preocupación de que su decisión pudiera hacerle daño a alguien que usted ama?

Quizás usted se encuentre ahí en este momento, tratando de resolver una de las mayores decisiones de su vida. Usted trata de moldear esta decisión como si fuera masa de pan, dándole vueltas en su mente una y otra vez. Usted piensa primeramente acerca de todos los beneficios de decir sí. Entonces usted voltea en dirección opuesta, preguntándose las razones de decir no. Y usted aún no puede decidir. Así que lo deja a un lado, esperando poder manejarlo mejor más tarde. Después de algún tiempo, usted comienza de nuevo, dándole vueltas y vueltas….

Añadida a esta mezcla confusa está la doctrina de la voluntad de Dios que algunas veces es difícil de descifrar. «¿Qué quiere Dios para mí?» En realidad, esa es la pregunta más importante. Usted desea seguir la voluntad de Dios, cualquiera que esta sea. Pero, ¿cómo puede usted saber en qué dirección él lo está guiando? 

Afortunadamente, Dios ha proporcionado ciertos principios en su Palabra que lo pueden ayudar a llegar a una buena decisión y aumentar su confianza de que usted está siguiendo en Su camino.

Encienda la luz de las Escrituras
Cuando entramos a una habitación oscura para buscar algo, nuestra primera acción es encontrar el interruptor y encenderlo. La luz ilumina hasta la última esquina de la habitación, y podemos encontrar rápidamente lo que estamos buscando. ¡Es mejor que estar a gatas buscando a tientas en la oscuridad!

Cuando estamos buscando en la oscuridad acerca de una decisión, lo primero que debemos buscar es la Biblia, la luz de Dios para la vida.

La exposición de tus palabras imparte luz;
Da entendimiento a los sencillos. (Salmo 119:130; vea también v. 105)

Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza luz,
Y camino de vida las reprensiones de la instrucción. (Proverbios 6:23)

Aparte algún tiempo durante el día para leer la Biblia y permita que ilumine su situación con la verdad de Dios. A medida que usted la estudie, busque preceptos (instrucciones específicas) y principios (instrucciones generales). Los preceptos son mandamientos muy precisos para no dar lugar a dudas acerca de lo que Dios quiere decir. Por ejemplo, «No te asocies con el chismoso» (Proverbios 20:19b); «No mintáis los unos a los otros» (Col. 3:9a); «Porque esta es la voluntad de Dios… que os abstengáis de inmoralidad sexual» (1 Tes. 4:3). Aplicando estos mandamientos directos, específicos a su situación puede guiarlo directamente a la mejor elección para usted. 

Los principios, por otra parte, son como focos, que cubren una variedad de circunstancias. Por ejemplo, Pablo dice,

Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. (1 Cor. 6:12)

Aquí tenemos un vistazo raro al proceso de tomar decisiones de Pablo. A medida que él considera una acción en particular, casi lo podemos escuchar hablando consigo mismo, «Este camino pudiera no ser pecado, ¿pero es provechoso? Si es así, pudiera seguir adelante. Pero, ¿me llevará esta acción a un hábito que no pueda controlar? Si es así, entonces desistiré.»

A medida que lee las Escrituras, ¿puede usted descubrir los principios que guiarán su decisión? Para extraer principios de la Biblia, usted debe utilizar técnicas de interpretación sólidas y pensar con madurez. El proceso no puede ser apresurado. Ore acerca de lo que lee. Anote sus reflexiones. Invite al Espíritu Santo a que le ayude a comprender y a aplicar lo que usted está meditando. Después de un tiempo, usted pudiera unirse a David en su exaltación llena de alabanza al Señor:

Tú enciendes mi lámpara, oh Señor;
Mi Dios alumbra mis tinieblas. (Salmo 18:28)

Esté atento a la instigación tranquila del Espíritu Santo
El mundo nos dirige a gritos diariamente. Los ídolos de los medios de comunicación proclaman sus valores pretenciosos. Las carteleras cubren el paisaje, atrayéndonos con sus tentaciones más atractivas que la vida real. ¡La televisión, la radio, el cine, y aun nuestras computadoras ahora claman con una voz más y más alta para decirnos donde voltearnos, qué comprar, qué pensar!

El Señor, sin embargo, raramente grita sus instrucciones, por una buena razón. Él rehúsa competir por nuestra atención con las otras voces que bombardean nuestros oídos. Cuando Él habla, Él  habla lo suficientemente suave que no lo detectaremos si no estamos completamente enfocados en Él.

Cuando estamos tranquilos ante Él y meditamos en su Palabra, Él pudiera instigarnos con un pensamiento o una impresión. Judas es un buen ejemplo de un creyente que sintió la instigación del Espíritu Santo. Él se hizo el propósito de escribir su epístola acerca del tema de la salvación, pero cambió su manera de pensar cuando un pensamiento inspirado por Dios tocó su corazón:

Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos. (Judas 3, énfasis añadido)

Como Judas, pudiéramos sentir la mano del Maestro y escuchar su voz en nuestro ser interior. Si lo hacemos, debemos seguirlo a él. 

Pero, ¿cómo podemos estar seguros que fue Su voz la que escuchamos? Siempre recuerde de verificar que su decisión está de acuerdo con los preceptos y principios de la Palabra de Dios, y es una buena idea preguntarle a un amigo sabio que analice también el deseo de su corazón.

Pruebe sus deseos a través de consejería sabia
«No puedo decidir si debo aceptar la transferencia de empleo a Chicago», Mario le admitió a su amigo, Gustavo. «Cambio de opinión una y otra vez. Un día no quiero sacar a los niños cuando están comenzando el año escolar. Al siguiente día estoy emocionado acerca de las nuevas oportunidades que traería esta posición.»

«¿Has considerado cómo se siente Irene?» preguntó Gustavo revolviendo su café. «Ustedes ya se han mudado tres veces desde que se casaron. ¿Está ella preparada para hacerlo de nuevo?»

Mario y Gustavo están laborando juntos para llegar a una decisión. Y en el proceso, están obedeciendo el espíritu de este proverbio:

Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan. (Proverbios 15:22)

Los consejeros sabios saben cómo hacer preguntas específicas que penetran hasta lo más profundo de nuestros motivos y disciernen nuestras verdaderas intenciones. Un verdadero amigo nos ayuda a ver la diferencia entre la ambición y la codicia, entre el entusiasmo y el egoísmo, entre la firmeza y promoverse a sí mismo. ¡Discernir nuestros propios motivos es como hacernos una cirugía del corazón nosotros mismos! Necesitamos un experto que sea objetivo y que tenga un ojo clínico y la disponibilidad de decir lo que necesitamos escuchar, aun cuando duela. El dolor del momento valdrá la pena si la consejería nos evita un desastre más tarde.

Siga adelante en fe
¿Ha encendido usted la luz de las Escrituras? ¿Ha estado atento a la instigación del Espíritu Santo? ¿Ha probado sus deseos a través de consejería sabia? Ahora tome la mejor decisión que pueda, y siga adelante en fe.

«¡Espere!» pudiera usted objetar. «Seguir adelante no es tan sencillo como parece. ¡Necesito más tiempo!»

Algunas veces nos falta la confianza para tomar este paso importante, en particular cuando, habiendo hecho todo lo que podemos hacer para tomar una buena decisión, aún no estamos seguros en qué dirección debemos ir. Aún nos sentimos inmovilizados por el temor a cometer un error. ¿Qué podemos hacer con esas dudas persistentes que nos dejan en una confusión?

Las dudas no significan necesariamente que usted está fuera de la voluntad de Dios. A pesar de sus dudas, usted aún puede seguir adelante porque su confianza no está basada en su decisión sino en el Señor, que puede utilizar aun su juicio equivocado para el bien de usted y para Su gloria. El concepto de la voluntad de Dios tiene su núcleo en la doctrina de la soberanía de Dios, la cual es una fuente de gran seguridad para los creyentes. Dios no está en el cielo preocupándose de que la elección que usted haga pueda echar a perder los planes que Él tiene para usted. Él está en control de su vida y de las vidas de aquellos que usted ama, aun cuando usted no puede ver su mano o escuchar su voz tan claramente como usted desearía.

¡Así que anímese! Cambie su encrucijada en un camino de fe, y permita que comience el peregrinaje.

 

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